Charles Chaplin ante la cámara de Campúa

En febrero de 1964 el diario Pueblo encargó a Marino Gómez-Santos un reportaje biográfico que se publicaría en varias entregas sobre la vida de la reina Victoria Eugenia de Battenberg. Para elaborarlo el periodista se trasladó a Lausana para entrevistar a la viuda de Alfonso XIII y pidió que le acompañara José Demaría Vázquez “Campúa”, que le parecía el fotógrafo más idóneo para aquella ocasión por su trayectoria y su vinculación a la casa real.

Marino Gómez-Santos frente a Le Corsier, la residencia de Charles Chaplin en febrero de 1964

Marino Gómez-Santos frente a Le Corsier, la residencia de Charles Chaplin en febrero de 1964, fotografiado por Campúa

Una vez que cumplieron su misión y realizaron la entrevista y la sesión de fotos a Victoria Eugenia, continuaron con su viaje y decidieron trasladarse a Vevey donde tenía su residencia el gran actor de cine, ya retirado, Charles Chaplin. El encargo era en esa ocasión entregarle a Charlot una carta de Edgar Neville que llevaba Gómez-Santos e intentar hacerle una entrevista. El propio Marino Gómez-Santos relataría aquella aventura años más tarde en el diario ABC en un reportaje publicado el 9 de junio de 1968:

Resulta emocionante aquella decisión de ir a Vevey en busca de “Charlot”. El automóvil avanzaba por la autopista en una tarde de lluvia y José Campúa que nos acompañaba volvía a sentirse joven en este ambiente palpitante del reportaje en el que hizo sus primeras fotografías.
[…]
Al llegar a Vevey la lluvia había cesado y empezaba a salir el sol. Nos adentramos en la zona residencial en busca de la finca de Chaplin, de la cual sabíamos únicamente que se llamaba “Le Corsier”.

Por aquel entonces Gómez-Santos tenía poco más de 30 años, aunque ya llevaba a la espalda un importante recorrido como periodista. Pepe Campúa, sin embargo, tenía ya 63 años de edad y su salud y su agilidad no eran las mismas de antaño. Sin embargo se lanzaron a buscar la finca, la encontraron y decidieron entrar, tal y como prosigue el relato publicado en ABC:

Naturalmente, nosotros no teníamos cita con Chaplin. Ni podíamos ocultar las pocas probabilidades que teníamos de verle porque ya es sabido que, como Picasso, no quiere ver apenas a los viejos amigos y de ninguna manera acepta solicitudes de desconocidos. Ya estábamos en Le Corsier. Al traspasar la puerta de hierro que estaba abierta de par en par pudimos ver a la izquierda unas cocheras y caballerizas […]
-Aquí parece que no hay nadie- dijo Campúa.
-Alguien habrá cuando está aquel automóvil aparcado cerca de la puerta. Tú prepara las cámaras. […]
Echó a la espalda las cámaras fotográficas para no infundir demasiadas sospechas y comenzamos a caminar por el sendero de arena hacia la casa.
¡En menudo lío me has metido! ¡Mira que yo ya no estoy para correr! […]

Pocas veces en su carrera -y especialmente en aquella última época- había tenido Pepe Campúa que hacer labores tan parecidas a lo que hoy conocemos como un paparazzi puesto que sus fotografías del mundo del espectáculo habitualmente eran retratos de estudio o reportajes en ruedas de prensa, entrevistas y presentaciones.

Pero así fue como los dos periodistas abrieron la valla y se adentraron en la finca de Le Corsier:..

A los quince o veinte pasos salió el mismo Charles Chaplin en persona detrás de unos abetos, como puede salir una perdiz. Vestía un abrigo de cachemire color crema, una camisa blanca, sin corbata y trataba de disimular su fisonomía con un sombrero y unas gafas de cristales oscuros. […] Nos indicó que si teníamos algún recado lo dejásemos allí en la casa, en su secretaría. Después estuvo indeciso, porque dio dos o tres pasos hacia atrás, sin atreverse a romper la barrera que hacíamos en medio del camino. Y empezó la conversación.
-¿Qué quieren ustedes?- preguntó Chaplin.
-Venimos a verle. Somos españoles.
¿Periodistas?
Por supuesto…
-Pues llamen mañana a mi secretaria por teléfono, ahora voy a dar un paseo a pie porque me duele la cabeza.
Posiblemente fuese cierto, pero también podía ser una fórmula rápida para desentenderse de nosotros de manera que no dudamos en desplegar todos nuestros recursos de urgencia.
-Edgar Neville y Tono me han hablado mucho de usted.
-¡Ah, sí, Neville y Tono!… ¿Sigue Neville tan gordo? Hace algunos años nos vimos en Londres… Casi no le reconocí, cuando fue a Hollywood era joven y deportista.
Parecía que la conversación iba a tomar una cierta temperatura cordial con el recuerdo de aquellos dos españoles que había conocido en los verdes años de su juventud. Pero aquella sensación duró solo un instante. La sonrisa de Chaplin fue como un relámpago, porque se pasó la mano por la frente, contrariado quizá por la nostalgia. Luego salió corriendo con las manos hundidas en los bolsillos.

Marino Gómez-Santos entregándole a Chaplin la carta de Edgar Neville en Le Corsier en febrero de 1964, fotografiados por Campúa


Marino Gómez-Santos entregándole a Chaplin la carta de Edgar Neville en Le Corsier en febrero de 1964, fotografiados por Campúa Marino Gómez-Santos entregándole a Chaplin la carta de Edgar Neville en Le Corsier en febrero de 1964, fotografiados por Campúa

Fue un breve encuentro que, sin duda, mereció la pena como aventura y como experiencia para los dos periodistas. Como el propio Gómez-Santos escribió: “No habíamos perdido el viaje, simplemente con haberle saludado y aún nos sorprendió su autorización para tomar fotografías”. Posiblemente otra prueba de la brevedad de este intercambio es que no se conserva ningún cliché de Pepe Campúa retratándose con Chaplin. No hubo tiempo de hacer esa instantánea porque el genio del cine, simplemente, salió corriendo

Sanjurjo en el penal de El Dueso fotografiado clandestinamente por Campúa

En los primeros años de la carrera periodística de José Demaría Vázquez “Campúa” uno de los reportajes que terminó por consagrarle fue el tomado -al parecer de forma clandestina- al general Sanjurjo en el penal de El Dueso (Cantabria) en 1934. Ambos se conocían desde años antes, cuando coincidieron en las campañas de la Guerra de África que cubrió el fotógrafo y también porque el reportero había sido amigo del hijo del general, Justito Sanjurjo, ya que compartieron juntos estancia en Suiza en 1923.

Incendios durante la "Sanjurjada" en Sevilla en agosto de 1932 fotografiados por Pepe Campúa para como enviado  especial de Mundo Gráfico

Incendios durante la “Sanjurjada” en Sevilla en agosto de 1932 fotografiados por Pepe Campúa para como enviado especial de Mundo Gráfico

José Sanjurjo Sacanell (Pamplona, 1872 – Estoril, 1936) había sido un militar destacado en España durante la monarquía de Alfonso XIII y la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, con la llegada de la Segunda República manifestó su oposición al nuevo régimen y, siendo director general de Carabineros y ex director general de la Guardia Civil, se sublevó en Sevilla el 10 de agosto de 1932. La rebelión, conocida como la “Sanjurjada” fue fotografiada por Pepe Campúa en Sevilla como enviado especial de Mundo Gráfico y Nuevo Mundo. Esta “jornada sediciosa”, como la denominaron dichas publicaciones, tuvo como consecuencia la entrega de Sanjurjo ante Miguel Romero, guardia de seguridad de Huelva, su detención y su condena a muerte, aunque dicha sentencia le fue conmutada por la cadena perpetua.

A finales de agosto el líder de la revuelta fue encarcelado en el Penal de El Dueso y su caso siguió siendo de plena actualidad en los meses siguientes, fruto de lo cual se publicarían varios reportajes en Mundo Gráfico y Nuevo Mundo, firmados por Juan Ferragut, en los cuales se explicaba el modo de vida en la prisión, las habitaciones, el ambiente, el trabajo de los presos, con fotos de Campúa de otros presos, pero sin mostrar a Sanjurjo más que en un retrato de archivo. Ferragut consiguió incluso una entrevista con el general sublevado pero que se publicaría con un retrato de archivo. Más tarde Pepe Campúa retrataría a Sanjurjo en julio de 1933 cuando éste se presentó ante los tribunales en Madrid por la causa del levantamiento.

Sin embargo la fotografía que pasaría a la posteridad sería tomada por el joven reportero el último día de Sanjurjo en la cárcel cántabra, justo antes de que le trasladaran al Penal de Santa Catalina en Cádiz. Así contaba la anécdota el propio Pepe Campúa en el artículo “Campúa cuenta su vida” de Marino Gómez Santos, publicado en el diario Pueblo el 18 de junio de 1963:

“El general Sanjurjo había sido encarcelado en el penal del Dueso, donde estaba totalmente prohibido el paso a los periodistas. Y precisamente por eso el éxito era conseguir el reportaje gráfico. Campúa se lo propuso y una mañana llegó al Dueso con dos cámaras: una de cine y otra de fotografía.
Por consejo del administrador entré en el penal con la máquina de fotografía, porque la de cine abultaba mucho. El riesgo no sólo estaba en entrar en el penal, sino en poder salir victorioso. Este administrador, que estaba de acuerdo conmigo, me dijo: “veremos cómo nos arreglamos para que usted pueda salir”.
Había que esperar pacientemente la hora propicia para hacer la fotografía del general Sanjurjo sin que el director del penal se enterase.
Lo mejor -le dijo el administrador del penal a Campúa- es que yo le facilite una celda vacía donde usted pase la noche. La mejor hora es la del amanecer, cuando los presos salen al patio y el director del penal no está aquí. Ese es su momento.
Campúa siguió las instrucciones del administrador del penal y así pudo retratar al general Sanjurjo, vestido de presidiario, rodeado de criminales.

Sanjurjo retratado por Campúa junto a sus compañeros de prisión en el penal de El Dueso (Cantabria) en enero de 1934

Sanjurjo retratado por Campúa junto a sus compañeros de prisión en el penal de El Dueso (Cantabria) en enero de 1934

– Cuando tuve hechas las fotografías metí el “almacén”, o sea el estuche donde iban las placas, en la cesta de la comida del gneral Sanjurjo. Uno de sus ayudantes lo hizo llegar a mi padre, que lo mandó a revelar y lo cedió a La Nación para que se publicara.
En las tertulias de Madrid y en la calle no se habló de otra cosa en varios días. Mundo Gráfico dio también la fotografía del general Sanjurjo vestido de presidiario a doble página.
– Esta cuestión se llevó a las Cortes y a los pocos días fui citado por el fiscal de la República que me dijo: “No tengo más remedio que procesarle”. Me reclamaron 500 pesetas de fianza para la libertad provisional, las pagó el periódico y este proceso quedó sobreseído con el tiempo.

Breve de La Vanguardia en el que se anuncia la llegada de Sanjurjo a la prisión de Santa Catalina y el barco en el que iban, entre otros, Campúa.

Breve de La Vanguardia en el que se anuncia la llegada de Sanjurjo a la prisión de Santa Catalina y el barco en el que iban, entre otros, José Demaría Vázquez “Campúa”.

Al día siguiente Sanjurjo iba a ser trasladado al Castillo de Santa Catalina en Cádiz tras dieciséis meses en El Dueso. Varios familiares y amigos del militar le seguirían en dicho traslado y, junto a ellos, también Pepe Campúa para fotografiar su entrada en la prisión militar. Finalmente, por aplicación de la Ley de Amnistía, se daría la orden de libertad de José Sanjurjo que se trasladaría a vivir a la ciudad portuguesa de Estoril donde falleció en un accidente aeronáutico recién iniciada la Guerra Civil en 1936.

Homenajes a José L. Demaría López, “Campúa” padre

José Demaría López "Campúa" padre © Alfonso Sánchez García (Archivo Fotográfico Alfonso), VEGAP, Madrid, 2014

José Demaría López, “Campúa” padre
© Alfonso Sánchez García (Archivo Fotográfico Alfonso), VEGAP, Madrid, 2014

José Luís Demaría López, “Campúa” padre, fue pionero en el trabajo de reportero gráfico en España. Hombre polifacético, también fue impulsor de la industria del espectáculo tanto en el cine -dirigiendo salas, distribuyendo películas y materiales cinematográficos- como en el teatro, convirtiéndose en empresario de algunas de las compañías de mayor renombre en las décadas de los 20 y los 30.

Por este motivo, José Campúa fue objeto de numerosos homenajes a lo largo de la carrera, tanto del gremio periodístico como del mundo del espectáculo. El primero de estos agasajos del que existen referencias se celebró en octubre de 1909 con motivo de la cobertura que el fotógrafo había realizado en la Guerra de Marruecos. Así lo contaba el diario La Época en su edición del 4 de octubre de 1909, en el breve titulado “En honor de Campúa”:

Ayer fue obsequiado con un banquete íntimo, por sus compañeros de redacción y los empleados todos del popular semanario Nuevo Mundo, el redactor artístico del mismo Sr. Campúa, que tan brillante campaña acaba de realizar en Melilla. Se celebró la fiesta en el restaurant La Huerta. Al final del banquete que presideron el festejado y los Sres. Verdugo y Zavala, director y gerente respectivamente de Nuevo Mundo, se pronunciaron sentidos brindis de justo homenaje al talento y a las dotes excepcionales de actividad y valor que una vez más ha acreditado el señor Campúa. El popular fotógrafo vuelve otra vez a Melilla para continuar su campaña.

Años más tarde Torcuato Luca de Tena recordaría, en un pequeño artículo publicado en La Correspondencia de España el 14 de enero de 1915, hablando sobre Blanco y Negro y Nuevo Mundo, que esta última publicación gozaba de una situación favorable y excepcional que…

“…de nada le habría servido de no haber tenido la fortuna de contar entre sus redactores al fotógrafo Sr. Campúa que, uniendo a sus cualidades excelentes de artista aptitudes periodísticas verdaderamente extraordinarias, realizó la información fotográfica más sugestiva y más interesante que se ha hecho en España y que dudo haya logrado conseguir ningún periódico extranjero. Para nadie puede ser un secreto que, si Nuevo Mundo se veía en aquella época tan solicitado por el público era, en primer término, por las fotografías de Campúa”.

Fotonoticia del banquete íntimo en honor a Campúa publicada en Mundo Gráfico el 4 de abril de 1917

Fotonoticia del banquete íntimo en honor a Campúa publicada en Mundo Gráfico el 4 de abril de 1917

El prestigio del reportero crecía y el reconocimiento se hizo mayor al recibir José Campúa la Cruz de Alfonso XII en marzo de 1917, a propuesta del Ministerio de Instrucción Pública. Aquella distinción se festejó con una comida íntima con los compañeros de Prensa Gráfica, pero en aquella cita decidieron que no era suficiente y que era necesario celebrar un banquete mayor y abierto al público. Éste tuvo lugar el jueves 12 de abril de 1917 en el Hotel Palace y las entradas, al precio de quince pesetas, se vendieron en el Círculo de Bellas Artes, el Ateneo, las librerías de Fernando Fe y San Martín y en el propio hotel. Gran parte de la prensa se hizo eco -desde La Época, La AcciónEl Imparcial… y , por supuesto, las publicaciones de la editorial Prensa Gráfica S.L. en la que trabajaba Campúa- y a la fiesta asistieron más de 200 personas, congregadas para homenajear al fotógrafo: “una pequeñísima parte de los admiradores y amigos de Campúa”, según relataba el diario El Liberal.

Con Campúa se sentaron a la mesa presidencial Natalio Rivas, Francos Rodríguez, Mariano Benlliure, Virgilio Anguita, José Mª López Mezquita, Julio Romero de Torres, Francisco Verdugo, Mariano Zabala y Félix Lorenzo y Benedicto. Los discursos, al final del banquete, corrieron a cargo de los escritores Felipe Sassone y Federico García Sanchíz, y del secretario del Círculo de Bellas Artes, Mariano Carranceja . También dijeron unas palabras el subsecretario de Instrucción Pública, Natalio Rivas y Fabián Fernández.

Entre las noticias y crónicas publicadas sobre el evento destacan las de La Esfera y Nuevo Mundo, las revistas donde más había trabajado el fotógrafo. En la primera un artículo de Francisco Verdugo, fundador de Prensa Gráfica Española, elogiaba al periodista:

Campúa rompió lo que podía ser roto y venció cuanto se oponía a su paso y merecía ser vencido. […] La curiosidad pública podía satisfacerse a su placer; las revistas ensanchaban su campo de acción y el nombre de Campúa lograba al mismo tiempo, en la noble profesión de periodista gráfico, una popularidad por nadie superada todavía”

Portada e interior del menú del banquete en honor a José Demaría López "Campúa". Los platos aparecían reseñados en francés al estilo de la época. Las crónicas mencionan que, además, se repartieron habanos por cortesía de Prensa Gráfica Española S.L.

Portada e interior del menú del banquete en honor a José Demaría López “Campúa”. Los platos aparecían reseñados en francés al estilo de la época. Las crónicas mencionan que, además, se repartieron habanos por cortesía de Prensa Gráfica Española S.L.

La segunda crónica destacable,  firmada con las iniciales F.G.S. en Nuevo Mundo se tituló “Notas al dorso del menú”, haciendo alusión al menú que encontraron los comensales en las mesas con un positivado original de Campúa pegado en cada uno de ellos y firmado por el fotógrafo, como recuerdo de la fiesta y los platos que se degustarían. Con pluma al dorso de ese menú escribía:

Campúa es el cómplice de las grandezas españolas desde hace veinte años. Y, además, el innovador que dio al periodismo inquietudes y palpitaciones de modernidad. Todavía falta por añadir el merecimiento supremo, la huella de los dioses en el espíritu del triunfador. Nos referimos a su elevada categoría artística y a su genialidad”.

Crónicas publicadas en Nuevo Mundo (a la izquierda) y La Esfera (a la derecha) sobre el homenaje a Campúa

Crónicas publicadas en Nuevo Mundo (a la izquierda) y La Esfera (a la derecha) sobre el homenaje a José Demaría López, Campúa padre

Pasarían casi tres décadas hasta que el periodista volviera a recibir un gran homenaje -aunque posiblemente en ese tiempo también fuera objeto de agasajos, pero no de tan gran repercusión. Sería en 1935 con motivo de su nombramiento como socio de honor de la Unión de Informadores Gráficos de Prensa (UIGP). Tal y como señalan Juan Miguel Sánchez Vigil y María Olivera en el libro Fotoperiodismo y república, “la UIGP tuvo especial relevancia al formar parte de la misma profesionales de diferentes ideologías vinculados a publicaciones del amplio espectro político, desde las más conservadoras hasta las anarquistas. Por otra parte consiguió representación ante las instituciones oficiales y fue lugar de encuentro y debate de sus problemas”.  José Demaría Vázquez, “Campúa” hijo, acreditado por la Agencia Actualidades-Noticiario Cine, ocuparía unos meses más tarde el cargo de presidente de la UIGP hasta el estallido de la guerra civil.

Pero meses antes, el 20 de mayo de 1935 los reporteros, unidos, reconocían así al que fuera pionero y maestro en el manejo de la máquina fotográfica y el ministro de Trabajo, entonces Federico Salmón, le entregó a Campúa un pergamino con las firmas de todos sus compañeros.

La crónica del diario La Libertad relataba la crónica de la fiesta y cómo el presidente de la Asociación de la Prensa, don Alfonso R. Santa María…

“…hizo un cálido elogio de Campúa y de su labor periodística y puso de manifiesto la devoción de Campúa por el periodismo, del que no se ha apartado aún teniendo otros medios de vida“.

Campúa era entonces director de la revista mensual ilustrada Mundo Gráfico, cargo que ocupó hasta enero de 1936. Posiblemente nadie podía imaginar entonces que este amigo y profesional reconocido por todos, “hombre no político” -como se le ha definido posteriormente-, fallecería asesinado al año siguiente, tras ser detenido y llevado a la cheka de Fomento.

Fotonoticia publicada en la revista Crónica el 26 de mayo de 1935 dando cuenta del homenaje a Campúa y del posterior cocktail ofrecido por Perico Chicote

Fotonoticia publicada en la revista Crónica el 26 de mayo de 1935 dando cuenta del homenaje a Campúa y del posterior cocktail ofrecido por Perico Chicote

 

El Madrid de Campúa (X): La verbena de San Antonio

La verbena de San Antonio es una tradición con siglos de historia en Madrid y José Demaría Vázquez “Campúa”, como testigo constante de la vida de la ciudad, también tuvo oportunidad de fotografiar su ambiente. Las mujeres ataviadas con el traje típico madrileño, las modistillas con mantones y claveles, los puestos ambulantes y las atracciones eran noticia en los diarios madrileños. La tradición lleva aún hoy en día a las mujeres solteras a la ermita de San Antonio el 13 de junio a depositar trece alfileres en la pila bautismal de la ermita -en una costumbre que se dice iniciaron las modistillas en el siglo XIX- e introducir la mano en ella. Al sacar la mano se comprueba el número de alfileres que se han clavado en la palma para saber cuántos novios se tendrán en los doce meses siguientes.

Junto a la tradición de los alfileres, se llevaban a cabo otras costumbres como la bendición de los panecillos o “Pan del Santo” y la verbena se llenaba en los días en torno al 13 de junio de diferentes puestos ambulantes que aprovechaban la afluencia de gente: barquilleros, fruteros, aguadores, buñoleros… El baile del chotis y la comida típica eran las señas de identidad de la verbena, cuya celebración se suspendió durante cinco años durante la Guerra Civil pero que continuó después y ha ido evolucionando. En la actualidad, por ejemplo, no son 13 alfileres los que se arrojan, sino que la pila bautismal está llena de ellos.

A continuación recogemos uno de los reportajes sobre esta tradición madrileña que Pepe Campúa realizó en 1952 para diario Informaciones. Según el recorte que se guarda en el propio archivo, sólo una de las imágenes fue publicada -la que retrata a unos vendedores de botijos agasajando a dos chulapas-, por tanto, el resto podrían ser inéditas a falta de encontrar otras referencias de hemeroteca.

Recorte de prensa de Informaciones sobre la verbena de San Antonio en 1952 ilusrado con una fotografía de Campúa

Fotonoticia en Informaciones sobre la verbena de San Antonio en 1952 ilustrada con una instantánea de Campúa. El recorte de prensa refleja el ambiente de la época: “el humo acre de los churros, el aristón antiguo de los ‘caballitos’, los pregones de flores y botijos: el buen tópico madrileño de la verbena se presentó anoche con toda puntualidad”. El artículo hace alusión a la fotografía, refiriéndose a “los bonitos rostros de las madrileñas verbeneras que ha captado el fotógrafo”

El accidente aéreo de Ramón Franco y Pepe Campúa

Campúa en un avión (foto de fecha no identificada)

Campúa trabajando como reportero en un avión (foto de fecha no identificada)

Una de las vivencias que más marcaron a Pepe Campúa en los inicios de su carrera fue el accidente aeronáutico que sufrió en mayo de 1922 mientras realizaba la cobertura informativa de la guerra de Marruecos. El reportero quería fotografiar desde el aire la zona de las Alhucemas y tuvo la oportunidad de subir a un hidroavión pilotado por Ramón Franco -hermano de Francisco Franco-, pero surgieron dificultades. El propio fotógrafo recordaba así la anécdota en una entrevista concedida a Marino Gómez-Santos para el diario Pueblo en junio de 1963.

La historia es la siguiente: Estando yo en África se hacían unos vuelos con los pocos hidroaviones con que se contaba. En una de aquellas ocasiones, el glorioso aviador Ramón Franco fue tan amable que me invitó a acompañarle a un bombardeo que iba a hacer sobre Alhucemas. Junto a las costas de Villa Cisneros tuvimos una avería en el motor y caímos al mar. Gracias a que Ramón Franco era un as de la aviación no tuvimos un accidente serio, aunque sí pegamos un panzazo enorme. Se rajó el fuselaje, el agua empezó a entrar y gracias a Dios que estaba próximo el “Bustamante y el “Alfonso XIII”, cuya tripulación nos puso a salvo. Además yo, con la afección de bronquios, nado como un martillo. Vamos, que en aquella ocasión me hubiera ahogado. Creo que fue el primer baño que me di en el mar en toda mi vida. Salvé la vida y salvé el material, que era lo importante; porque lo esperaban en el periódico.

No solo consiguió salvar el material, sino que después del accidente se subió a los mástiles del barco para realizar las fotografías de cómo los marineros subían el avión a la embarcación Alfonso XIII y tomar las siguientes imágenes que fueron publicadas por Mundo Gráfico el 17 de mayo de 1922.

Momento del salvamento del avión. El pie de foto original de Mundo Gráfico señalaba: El hidroavión pilotado por el capitán Franco y en el que iba nuestro querido compañero Campúa, que cayó al mar por efecto de una avería, siendo salvado por las tripulaciones del "Bustamante" y el "Alfonso XIII".

Momento del salvamento del avión. El pie de foto original de Mundo Gráfico señalaba: El hidroavión pilotado por el capitán Franco y en el que iba nuestro querido compañero Campúa, que cayó al mar por efecto de una avería, siendo salvado por las tripulaciones del “Bustamante” y el “Alfonso XIII”.

Otra vista desde mayor altura del salvamento del avión accidentado. El pie de foto original señalaba:  El hidroavión en que volaban sobre el campo enemigo de Alhucemas a mil setecientos metros de altura, el capitán Franco y nuestro compañero Campúa, al ser recogido por el "Alfonso XIII" cuya tripulación acudió en el auxilio de los náufragos.

Otra vista desde mayor altura del salvamento del avión accidentado. El pie de foto original de Mundo Gráfico anotaba: El hidroavión en que volaban sobre el campo enemigo de Alhucemas a mil setecientos metros de altura, el capitán Franco y nuestro compañero Campúa, al ser recogido por el “Alfonso XIII” cuya tripulación acudió en el auxilio de los náufragos.

Fragmento de la página de Mundo Gráfico del 17 de mayo de 1922 en el que bajo el título "Interesantes notas de la campaña de Marruecos" se daba noticia, entre otros hechos, del accidente de Campúa y Ramón Franco.

Fragmento de la página de Mundo Gráfico del 17 de mayo de 1922 en el que bajo el título “Interesantes notas de la campaña de Marruecos” se daba noticia, entre otros hechos, del accidente de Campúa y Ramón Franco.

El 22 de marzo de 1955 Pepe Campúa también recordaría estos hechos en su conferencia “La Prensa Gráfica” pronunciada en el Club de Prensa “Jaime Balmes” de Madrid:

Desde Nador hasta Monte Arruit fui recorriendo aquel penoso camino de la reconquista de nuestro territorio y allí conocí al famoso comandante Franco cuyo nombre, casi en su adolescencia, sonaba ya por los adures amigos y por los enemigos con matices de leyenda. En aquella guerra fue mi propio padre quien me lanzó al oficio sin reservas. Cuando me vio llegar a la costa mojado, pero habiendo salvado la máquina, después de capotar en un hidroavión mandado por Ramón Franco, se le asomaron las lágrimas a los ojos. No sé de qué: de ver a su hijo a salvo, desde luego. Pero, además, creo que de ver a su discípulo realizar un servicio arriesgado, preocupándose de salvar lo que importaba: la información.

Aquella no era la primera vez que Pepe Campúa realizaba fotografías aéreas ya que semanas antes había ido junto al capitán Antonio Ferreiro, con el que voló sobre el campo del ejército marroquí y fotografió las costas de Nador y el buque Giralda en el mar, así como el bombardeo de varios poblados. Dichas fotografías se publicaron en la revista Nuevo Mundo el 12 de mayo de 1922. José Demaría Vázquez “Campúa” demostraba con estos reportajes su valentía y su profesionalidad como fotoperiodista con tan solo 22 años ya era capaz de utilizar cualquier medio -avión, coche, barco…- para conseguir la imagen de la noticia.

Nuevo Mundo le tenía como enviado especial y fue la publicación donde aparecieron las imágenes captadas en el vuelo con Ramón Franco con el siguiente pie de foto:

A consecuencia de un accidente sufrido en pleno vuelo sobre el territorio enemigo, el aeroplano pilotado por el capitán aviador Franco, y en el que se hallaba nuestro compañero Campúa, cayó en el mar a poca distancia del Peñón de Vélez. Esta circunstancia permitió a nuestro arriesgado camarada Campúa visitar el Peñón, de noche, aprovechando uno de los convoyes. He aquí una interesantísima fotografía obtenida desde el aeroplano, por Campúa, momentos antes del referido accidente.

Página de Nuevo Mundo en cuya parte superior aparece una de las fotografías tomadas antes del accidente.

Página de Nuevo Mundo en cuya parte superior aparece una de las fotografías tomadas antes del accidente y el reportaje obtenido en la “visita inesperada” al peñón de Vélez en La Gomera.

En la foto inferior Campúa retrataba a algunas de las autoridades militares de la zona, según el pie de foto:

La oficialidad que manda la guarnición del Peñón de Vélez de la Gomera, reunida en el subterráneo que le sirve de alojamiento, al amparo del bombardeo. En el grupo, los Sres. Esparza del Tercio; Ferrer de Artillería; Andreu, teniente de Alcántara; Armada, capitán de artillería; Guerra, capitán de Policía Indígena y los marinos que hacen el convoy, Sres. Aldecoa y Pérez Izquierdo. El último a la derecha, el capitán de aviación Sr. Franco, uno de nuestros más brillantes pilotos militares y a cuya pericia se debió el resultado de esta expedición hecha por nuestro enviado Campúa.

Ramón Franco fotografiado por Pepe Campúa

Ramón Franco fotografiado por Pepe Campúa en La Gomera en 1922

Ramón Franco Bahamonde recibió en 1924 la Medalla Militar por sus actuaciones en la Guerra del Rif. El aviador se consagró en 1926 al ser el primero en cruzar en avión el Atlántico con el vuelo del Plus Ultra desde Palos de la Frontera hasta Buenos Aires. Una siguiente expedición de Ramón Franco -esta vez a Nueva York- fracasó al estrellarse en aguas portuguesas. En 1930 se sublevó contra la monarquía en el aeródromo militar de Cuatro Vientos, desde donde despegó para arrojar proclamas revolucionarias amenazando bombardear el Palacio Real. Se exilió volando hasta Lisboa y su trayectoria dio numerosos vuelcos tanto personales como ideológicos.  Años más tarde otro accidente aeronáutico -que se dice pudo ser a causa de un sabotaje- acabaría con la vida del piloto cerca de Formentor, en la isla de Mallorca. Su figura estuvo envuelta de polémica y misterio, con sucesivos cambios de bando que han sido objeto de estudios y publicaciones.

Juan Carlos de Borbón ante el objetivo de Campúa

José Demaría Vázquez “Campúa” heredó de su padre el papel tácito de fotógrafo oficial de la Casa Real desde los inicios de su carrera, captando con su cámara los principales momentos de la vida de Alfonso XIII, su familia y sus descendientes. En el desarrollo de esa labor tuvo un buen número de oportunidades para retratar al príncipe Juan Carlos de Borbón desde que nació hasta 1975, con el fallecimiento del propio Campúa.

José Demaría Vázquez "Campúa" fue el único fotógrafo que retrató a Juan Carlos a su llegada a la escuela de Las Jarillas, cuando pisaba por primera vez España

José Demaría Vázquez “Campúa” fue el único fotógrafo que retrató a Juan Carlos a su llegada a la escuela de Las Jarillas, cuando pisaba por primera vez España

En este blog ya habíamos recogido algunas de las instantáneas que el fotógrafo le hizo durante su infancia. Pepe Campúa retrató al futuro rey poco después de nacer, cuando el fotógrafo obtuvo un permiso especial para asistir en Roma al bautizo del hijo de Juan de Borbón. Campúa le retrataría también en Estoril en varias ocasiones, en los días antes de su primera comunión, jugando con sus hermanos, montando a caballo y bañándose en la playa.

También le retrató junto a su abuela la reina Victoria Eugenia y, años más tarde, asistió a su boda en Grecia así como al bautizo de su hijo Felipe de Borbón, entre otros acontecimientos. Campúa y Juan Carlos coincidieron a menudo en las cacerías organizadas por el dictador Francisco Franco en El Pardo y también en numerosos actos públicos y recepciones.

Pepe Campúa saluda al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón durante una cacería en El Pardo en 1969.

Pepe Campúa saluda al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón durante una cacería en El Pardo el 16 de febrero de 1969.

Ampliamos aquí la selección de imágenes de  Juan Carlos ante el objetivo de Campúa con algunos de los momentos más destacados en los que coincidieron el monarca y el fotógrafo.

Raquel Meller, Campúa padre y un reportaje sin firmar

Retrato de Raquel Meller firmado por Campúa -posiblemente realizado por Campúa hijo-, publicado en Mundo Gráfico en mayo de 1921

Retrato de Raquel Meller firmado por Campúa -posiblemente realizado por Campúa hijo-, publicado en Mundo Gráfico en mayo de 1921

 

Raquel Meller (Tarazona, Zaragoza, 1888 – Barcelona, 1962), fue una de las actrices y cantantes más reconocidas en los inicios del siglo XX en España. En dicho ámbito del espectáculo, la artista coincidió a menudo con José Luis Demaría López, Campúa padre, quien la fotografió en diversas ocasiones y trabajó con ella en montajes teatrales en la escena madrileña durante su época como empresario.

“La reina de las cancionistas” -como la denominó Mundo Gráfico al publicar un retrato suyo a página completa realizado por Campúa en mayo de 1921-, mantuvo una estrecha amistad con el fotógrafo y empresario. Existen referencias de que asistieron juntos a corridas de toros y espectáculos, además de las obras que, en el Teatro Maravillas, entre otras salas, representó la cantante como parte de la compañía de Campúa.

En concreto, en la memoria popular se recuerda que el nombre de dicha sala teatral se debió a ella, tal y como recogía Julián Cortés-Cabanillas en un perfil biográfico de Meller publicado en ABC el 17 de marzo de 1960 bajo el título “Raquel Meller, embajadora de España”, al relatar la primera vez que Alfonso XIII fue a verla actuar:

Y al entrar, para dar las gracias en el palco de don Alfonso XIII, la emoción fue mutua. Al despedirse el Rey del empresario que era el viejo Campúa, le dijo estas palabras:
– Ha sido una noche inolvidable. ¡Qué maravilla de artista y qué maravilla de teatro!
Desde entonces, el teatro se llamó de Maravillas y desde entonces Raquel fue una constante, fervorosa y apasionada admiradora de don Alfonso.

La relación entre el empresario teatral y la artista, por tanto, fue frecuente y tanto el padre como el hijo la admiraron y retrataron varias veces en los escenarios. Recogemos en esta ocasión, sin embargo, unas fotografías de Raquel Meller en un escenario más íntimo. Imágenes que aparecieron sin firmar en Mundo Gráfico el 5 de octubre de 1921, cuando Campúa padre llevaba apenas cinco meses dirigiendo la revista, un reportaje sobre las vacaciones estivales de la cantante.

Reportaje "El veraneo de Raquel Meller" publicado en Mundo Gráfico. El pie de foto señala que la reina de la canción española había pasado en el campo los días estivales junto con su esposo el escritor Enrique Gómez Carrillo.

Reportaje “El veraneo de Raquel Meller” publicado en Mundo Gráfico.
El pie de foto señala que la reina de la canción española había pasado en el campo los días estivales junto con su esposo el escritor Enrique Gómez Carrillo.

Casi un siglo después el archivo de Campúa nos permite descubrir que aquellas fotos sin firmar de Raquel Meller en la intimidad de sus vacaciones fueron tomadas por José Luis Demaría López “Campúa” padre, al encontrarse los originales y dado que Campúa hijo se encontraba en aquellos meses cubriendo la guerra de Marruecos y sus fotos de la cobertura bélica aparecen firmadas por él en el mismo número de la revista.

En una de las imágenes -tomada posiblemente por uno de los acompañantes, amateur de la fotografía- puede verse al propio Campúa padre, descansando plácidamente en un jardín junto a Meller en un ambiente familiar. Unas fotos bucólicas que reflejan la magnética y polifacética personalidad de Raquel Meller. Unas fotos sin firma que, sin embargo, ahora sabemos que tuvieron un autor.

 

 

El Festival de Eurovisión de 1969 en Madrid, ante la cámara de Campúa

En 1969 el Festival de Eurovisión se celebró en el Teatro Real de Madrid, gracias a que el año anterior Massiel había ganado el certamen con su canción “La, la, la”. Aquella fue la primera y única vez hasta el momento que el célebre festival musical europeo se celebró en España.

Presentado por Laura Valenzuela -entonces más conocida por Laurita- en esta edición se dio por primera vez el hecho inédito de que empataran cuatro representantes: Salomé -actuó con un vestido firmado por Pertegaz que pesaba 14 kilos- con “Vivo cantando” por España, la británica Lulu con el tema “Boom Bang-a-Bang”, la holandesa Lenny Kuhr con “De troubadour” y Frida Boccara por Francia con “Un jour, un enfant”.

José Demaría Vázquez, “Campúa” cubrió como fotógrafo las celebraciones en torno al festival, las actuaciones y las votaciones de aquel 29 de marzo de 1969. En la siguiente galería de imágenes recogemos algunas de las instantáneas con las que el fotógrafo la celebración del festival en Madrid, de las que por el momento no se han encontrado referencias de publicación en hemeroteca. La celebración del festival en sábado por la noche y el hecho de que La Vanguardia -periódico para el que trabajaba habitualmente Campúa en aquel tiempo- no tenía edición los lunes, pudo causar que las fotos no se publicasen ya que aquel martes la portada de dicho diario iba dedicada al 30º aniversario de la proclamación del régimen franquista, con un retrato de Franco firmado por Campúa. De hecho, en aquel año, Austria no participó en el Festival de Eurovisión como forma de expresar su boicot ante la dictadura española.

 

 

 

José L. Demaría López, Campúa padre: empresario teatral

La trayectoria de José Luis Demaría López, “Campúa” padre, como pionero de la fotografía periodística en España es sobradamente reconocida. Sin embargo pocos estudios se han centrado en otra de sus facetas profesionales, como empresario que potenció el mundo del espectáculo en el Madrid de las primeras décadas del siglo XX.

Foto de Díaz Casariego, publicada en Mundo Gráfico el 27 de abril de 1928. El pie señala: Los autores de la revista "Noche loca", Sres. Campúa, Vela y maestro Alonso, con algunos de los concurrentes a la fiesta celebrada en Romea con motivo del creciente éxito de aquella revista que se acerca ya a las doscientas representaciones.

Foto de Díaz Casariego, publicada en Mundo Gráfico el 27 de abril de 1928. Campúa marcado con X. El pie señala:
Los autores de la revista “Noche loca”, Sres. Campúa, Vela y maestro Alonso, con algunos de los concurrentes a la fiesta celebrada en Romea con motivo del creciente éxito de aquella revista que se acerca ya a las doscientas representaciones.

Consolidado ya como reportero, muy pronto inició su labor en el cine como distribuidor de las películas de Pathé Frères en junio de 1912, tarea que siguió compaginando con su ejercicio periodístico y con el desarrollo de Prensa Gráfica, la editorial de las principales revistas de la época. Más tarde puso en marcha el cine Royalty, una de las primeras salas de la capital que estaba situada en la calle Génova y cuya historia se relata detalladamente en el blog “La Pantalla Mágica”.

Es más adelante, a principios de los años 20, cuando amplia esta labor empresarial a la escena, primero con el Teatro Maravillas que inauguró en septiembre de 1921 y poco después con el Teatro Romea. Así describía ABC en la nota “Inauguración de Maravillas” el 22 de septiembre de 1921, los preparativos que había hecho en la sala antes de su inauguración.

Desde ayer cuenta Madrid con una nueva sala de espectáculos digna de la gran urbe. Pepe Campúa, el empresario a la moderna, todo actividad y esplendidez, confió a Martínez Garí la transformación del que fue Madrid Cinema y el notable escenógrafo, inspirándose en el estilo japonés, tan ricamente decorativo y polícromo, ha ornamentado la flamante sala con insuperable buen gusto. Originales y caprichosos faroles completan la decoración, dando al conjunto extraordinaria visualidad y alegría.

Del espectáculo ameno y sugestivo con el que se inauguró el teatro Maravillas, por el que desfilarán todas las grandes atracciones de las variedades que Campúa, previsor y rumboso contrató para hacer imposible toda competencia

Fotografía de Campúa publicada en Mundo Gráfico el 24 de octubre de 1928 con motivo del estreno de "Las lloronas". En la imagen aparece Celia Gámez y, en pequeño, dos de las segundas tiples en una composición típica de la época.

Fotografía de Campúa publicada en Mundo Gráfico el 24 de octubre de 1928 con motivo del estreno de “Las lloronas”. En la imagen aparece Celia Gámez y, en pequeño, dos de las segundas tiples en una composición típica de la época.

También una gran reforma acometió José Campúa en el Teatro Romea, tal y como describe el blog “Dónde están los cines de Madrid” en una detallada historia de esta pequeña sala, que se encontraba en la Plaza de Jacinto Benavente:

Se ampliaron las estancias, se reorganizaron los espacios y la sala fue completamente remozada. Su antiguo techo se demolió en parte y sobre la sala se creó una bóveda lucernario de hierro y cristal. Se amplió el espacio escénico abriendo un gran hueco en su fondo y creando una chácena, y se establecieron los camerinos en la segunda planta del edificio de la plaza de la Aduana Vieja. Incluso se construyó una cabina de proyección sobre el graderío de la primera planta a la que se accedía a través de un pasillo lateral desde el piso alto.

José Campúa forma allí su compañía teatral y comienza a montar distintos espectáculos. Ente ellas varios entremeses de Jardiel Poncela fueron representados en 1925 y 1926 en el Romea: ¡Achanta que te conviene!, El turco de Wenceslao, ¡Qué Colón! o ¡Vamos a Romea!. También el empresario contrató a algunas de las figuras que se convertirían en las actrices más destacadas del momento como Celia Gámez o Perlita Greco. Ésta última llegó a España interpretando tangos y el empresario José Campúa la contrató para las revistas que representaba en las tablas del Romea.

Fotografía publicada en La Esfera el 6 de diciembre de 1930. El pie original señala: El número de "Los pijamas" uno de los más sugestivos de la revista "¡Me acuesto a las ocho!" original de Vela, Campúa y el maestro Alonso, estrenada con gran éxito en el Teatro Romea.

Fotografía publicada en La Esfera el 6 de diciembre de 1930. El pie original señala: El número de “Los pijamas” uno de los más sugestivos de la revista “¡Me acuesto a las ocho!” original de Vela, Campúa y el maestro Alonso, estrenada con gran éxito en el Teatro Romea.

Además el empresario llegó a ser coautor de varias comedias teatrales y radiofónicas como “De polo a polo”, escrita junto con Felipe Moreno y otros títulos escritos en coautoría con Joaquín Vela y con música del Maestro Alonso como “Noche loca” (1927) que contaría con figurines de Álvaro Retana, “Las lloronas” (1928), “¡Por si las moscas…!” (1929) [Pulsando en los enlaces de las obras anteriores puede escucharse el audio de algunas de estas obras que se conservan en vinilos como parte del fondo de la Biblioteca Nacional], “Me acuesto a las ocho” (1930) o  “¿Qué pasa en Cádiz?” (1932). Otras obra escritas en colaboración con Vela, con música de Ernesto Rosillo fueron “¡Colibrí!”, estrenada en 1930, “Las pavas” o “La niña de la Mancha” y, con música del maestro Dotrás Vila y letra en coautoría de Campúa y Andrés Hurtado, la revista “Miss-Miss” (1935).

Por sus números bailables y pegadizos, estas piezas -entre la revista y la comedia tuvieron un gran éxito de público, aunque no siempre de crítica. Por ejemplo, ¡Por si las moscas! con la actriz Perlita Greco llegó a las cuatrocientas representaciones y se representó en varias ciudades fuera de Madrid. La actividad de Campúa fue tan intensa que la revista Crónica se llegó a referir a él como “el empresario por antonomasia” en un reportaje de portada el 8 de noviembre de 1931 y antes en Mundo Gráfico el 12 de abril de 1922 le había denominado “acaparador de todo lo bueno” al dar noticia de la contratación de la bailarina Évora para el Teatro Maravillas. De hecho llegó a ser presidente de la Sociedad Unión de Empresarios de Teatros de Madrid, tal y como demuestra una nota publicada en ABC el 22 de septiembre de 1933.

Se dice que al Teatro Romea lo llamaban “el templo de la frivolidad” y es cierto que las revistas y obras que en él se representaban fueron evolucionando hacia la comedia más pícara o incluso erótica. Así lo relataba la revista Crónica el 15 de mayo de 1932 con el titular “Nuevos tiempos”, destacando la importancia de estos primeros desnudos sobre un escenario madrileño, como muestra de la evolución de la sociedad:

Parece que no ha pasado casi nada. Parece que sigue como si tal cosa el rumbo de los acontecimientos. Pero sobre el escenario pequeño de Romea cinco girls españolas han dejado sus senos en libertad.
Este suceso es, desde luego, mucho más importante que la discusión del Estatuto de Cataluña, aunque la frivolidad de las gentes desvía hacia este último su atención. Sin embargo, los hombres serenos, los hombres que desde el mirador de nuestra imparcialidad contemplamos los altos y bajos del paisaje nacional, no hemos de negar a estos diez senos alegres, a estos diez senos que se exhiben generosos, fresquitos y pimpantes, toda la importancia que tienen como signo inequívoco de avance de los tiempos.

Página de la revista Crónica publicada el 15 de mayo 1932 con fotos de Campúa, sobre la última obra estrenada en el Romea. El pie de foto señala: En primer término, de izquierda a derecha: Jenny Falinsky, Margarita Carbajal, Aurora Sáinz y Amalia Ariza. En el círculo del fondo: las cinco "girls", con los senos en libertad.

Página de la revista Crónica publicada el 15 de mayo 1932 con fotos de Campúa, sobre la obra “La pipa de oro” estrenada en el Romea. El pie de foto señala: En primer término, de izquierda a derecha: Jenny Falinsky, Margarita Carbajal, Aurora Sáinz y Amalia Ariza. En el círculo del fondo: las cinco “girls”, con los senos en libertad.

Las actuaciones de la compañía de Campúa y, muy especialmente, de sus girls fueron reconocidas en el Madrid de la época con vedettes como Laura Pinillos, María Antinea o Amparito Taberner, entre otras muchas actrices que harían gala de desparpajo y alegría sobre las tablas del Teatro Romea o en las distintas compañías que regentó.

Campúa padre, en un homenaje a las chicas de la compañía de Romea. Aparece en el centro rodeado de las "alegres vicetiples y girls"

Fotonoticia de la revista Crónica el 29 de abril de 1934 en la que se retrata Campúa padre, durante un homenaje a las chicas de la compañía de Romea por el éxito de “Las chicas del ring”. El empresario aparece en el centro, marcado con (1), rodeado de las “alegres vicetiples y girls”

 

Último cartel del Teatro Romea, publicado con fotografía de Cortés en la revista Crónica el 25 de agosto de 1935

Último cartel del Teatro Romea, publicado con fotografía de Cortés en la revista Crónica el 25 de agosto de 1935

La última función del Romea se celebró el 14 de marzo de 1935 con la representación de “Al cantar el Gallo” de Pablo Luna, su cierre estaba programado con el objetivo de ampliar la actual Plaza de Jacinto Benavente. Unos meses más tarde se ejecutó la orden de derribo de la sala: el 27 de julio de 1935 el ayuntamiento incautó el local del Teatro Romea y los bomberos iniciaron la demolición de lo que quedaba del edificio. En los meses siguientes mantuvo la compañia del Romea de Madrid -pese a no tener teatro-, representó en el Teatro Pavón y trabajó con la compañía del Teatro Cómico de Barcelona

Algo más de un año después del cierre del Romea, ya habiendo estallado la guerra civil española, José Luis Demaría López sería asesinado al salir de la checa de Fomento en Madrid. Con él fallecería no sólo un destacado fotógrafo, si no un gran empresario que trabajó por la cultura, el espectáculo la creatividad y la modernización en España durante más de cuatro décadas.

El Madrid de Campúa (IX): La Semana Santa

Artículo publicado el 16 de abril en el diario Informaciones que Pepe Campúa guardaba junto con uno de sus reportajes de Semana Santa

Artículo publicado el 16 de abril en el diario Informaciones que Pepe Campúa guardaba junto con uno de sus reportajes de Semana Santa

Testigo de la vida y las costumbres de la España de postguerra, José Demaría Vázquez “Campúa” fotografió en numerosos momentos las procesiones y celebraciones de la Semana Santa, durante finales de los años 40 y la década de los 50, tanto en Madrid como en otras capitales.

Recogemos a continuación algunos de sus reportajes en procesiones emblemáticas como la de Jesús de Medinaceli, el Santo Entierro, el Cristo del Gran Poder o la procesión del Silencio. Los penitentes y nazarenos, las mujeres vestidas con sus mantillas, los niños y niñas participando en las celebraciones, muestran la devoción popular que tenían en aquellos tiempos las procesiones y las tradiciones de Semana Santa.

Semana Santa en Madrid, fotografiada por Campúa en abril de 1953

Nazarenos en la Puerta del Sol durante la Semana Santa en Madrid, fotografiados por Campúa en abril de 1953

Jesús de Medinaceli

Una de las procesiones con mayor tradición en Madrid es la del Cristo de Medinaceli, que recorre las calles más céntricas y está organizada por la Archicofradía Primaria nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Esta imagen del Cristo fue tallada en la primera mitad del siglo XVII en Sevilla y mide 1,73 metros de altura. Campúa fotografió su paso por la Puerta del Sol y las calles aledañas en numerosas ocasiones, como estas que recogemos de 1949 y 1950.

Procesión del silencio

La Cofradía del Silencio surgió en 1940 con el objetivo de recuperar las procesiones de Semana Santa en Madrid tras la guerra civil. En sus primeros años puso en marcha diversas actividades como un pregón, la Procesión de las Palmas del domingo de ramos, la Procesión del Rosario de Penitencia el miércoles santo y la Solemne Procesión del Silencio en la noche del viernes santo. Esta procesión del Silencio comenzaba habitualmente a las once de la noche y a la Hermandad de los Cruzados se le unían, en la Puerta del Sol, la mayoría de las cofradías y hermandades de la capital. Las imágenes de la galería siguiente corresponden a dicha procesión, que Campúa fotografió en el año 1950 y al Rosario de Penitencia celebrado el miércoles santo de 1958.

Otras procesiones y pasos

La cámara de Campúa también retrató otras de las procesiones más clásicas de la capital, como el Jesús del Gran Poder o el Santo Entierro. Pero, sobre todo, captó la tradición en torno a ellas, los nazarenos, las mujeres enmantilladas y el público que acudía a ver los pasos. En la galería siguiente recogemos algunas de estas fotografías, realizadas por Campúa en la Semana Santa de 1954.

Campanas de resurrección

Además de las procesiones, Campúa también realizó trabajos para ilustrar reportajes sobre otros momentos de la Semana Santa, como el sábado de Gloria. Para el diario Informaciones retrató así las campanas de la iglesia madrileña de San Manuel y San Benito, con el objetivo de ilustrar un artículo de Angulo.

Artículo publicado en Informaciones el 10 de abril de 1952 con foto de Campúa

Artículo publicado en Informaciones el 10 de abril de 1952 con foto de Campúa